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Un saludo muy dulce a mis queridas y queridos lectores.
Hoy voy a escribir un artículo de los que hacía tiempo que no escribía. Un artículo que me va a ayudar a sanar mi corazón,  a la misma vez que os lanzo el mensaje a vosotros, para que podáis aplicarlo, si así lo deseáis,  en vuestra propia vida.
Y para ello me voy a ayudar de las alineaciones astrológicas más importantes que tenemos esta semana.
Uno de los aspectos de más relevancia, es el de Quirón arrancando directo en Piscis. Quirón es el que representa nuestras heridas emocionales, aquellas que nos han acompañado siempre a lo largo de nuestra vida.
Son heridas de la infancia que por falta de conocimiento, no hemos podido solucionar aún, así que con este asteroide arrancando directo, nos abre de nuevo el camino para que podamos darnos cuenta el grado de sanación que hemos conseguido hasta el momento.

QUIRÓN Y MI HERIDA

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Si observáis vuestra carta natal sabréis en qué signo y casa se encuentra vuestro Quirón, y os podrá dar más información de cuál es la herida que os sangra cuando, alguien sin querer, os roza y vuelve a despertar todo el dolor que había subyacente.
Aún así, el clima general nos invita a re-conocer qué aspectos aún rechinan en nuestro interior para poder darle una verdadera sanación.
Y tras haberos puesto en contexto, os voy a contar un poquito de mi historia.
Debido al año en el que nací, al trauma de mi consciencia y a mis contratos kármicos, mi mayor evolución y crecimiento, ocurre en el ámbito de las relaciones de pareja.
Así cómo nos relacionamos con nuestras parejas, refleja cómo hemos vivido nuestra relación con nuestros padres.
Mi hogar estaba repleto de valores, sentido del humor, apoyo y alegría, pero también le rodeaba una parte oscura y dolorosa que tuve que enfrentar junto a todos los miembros que conformaban mi entorno familiar.
Mis padres son maravillosos y, aún así, traían su propia mochila cargadita de historias no solucionadas también con sus padres. Es por eso que cuando discutían – un hecho que ocurría muy a menudo- uno de los dos terminaba por marcharse de casa unas horas y el otro “amenazaba” con la separación permanente de la relación.
Rercuerdo como al ser una niña que sólo quiere pasarlo bien, jugar y disfrutar, cuándo ocurrían estas discusiones, yo me encerraba en mi dormitorio esperando a que pasara la tormenta, con un sólo deseo: que la separación se llevara a cabo cuánto antes.
No os quiero aburrir demasiado, porque no es una historia horrible de maltratos físicos y sufrimiento extremo -gracias a la vida- , pero sí que nos da la pista para entender uno de los patrones de comportamiento que he ido arrastrando a lo largo de toda la vida en mis relaciones de pareja.

 PATRONES DE RELACIÓN

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Hace cuatro años que mi grupo de formación terapeútico gestáltico me llevó a vivir un fin de semana en el que iba a descubrir que la huida era el mecanismo que desarrollé frente a cualquier tipo de conflicto en pareja.
Tras unos ejercicios de respiración holotrópica, volví a re-vivir mi infancia. En aquel momento quise trabajar la relación con mi madre, ya que cada vez que ella me “exigía” algo, automáticamente mi cuerpo necesitaba salir corriendo lo más lejos posible.
Y es que relacionaba de forma inconsciente la exigencia de ella, con la discusión posterior, el alejamiento  y finalmente la posibilidad de abandono y disolución de nuestra relación materno-filial.
Como niña era cierto que no tenía herramientas para poder enfrentar el conflicto, porque la única que creía que podía funcionar, era la disolución.
Pero, como mujer adulta ¿tenía que seguir huyendo ante cualquier exigencia o ataque?

MUERTO EL PERRO NO SE ACABÓ LA RABIA

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Durante toda mi vida he escogido parejas que no me lo iban a poner nada fácil ya que había una gran lección que aprender por parte de ambos.

El crecimiento se produce en el campo de batalla.

He intentado escoger otro tipo de personas, pero no llego a sentir la atracción necesaria hablando en términos de amor romántico – profundizaremos sobre ello en artículos posteriores-.
Suelo encontrarme y enamorarme de personas inteligentes, creativas, con buen corazón, con mucho talento y un gran sentido del humor. Aunque también viscerales, con carácter, que no se callan ante lo que les parece injusto y que son capaces de decir lo que piensan sin filtros.
Visto así puede resultar alentador, ya que el trabajo personal y ser nosotros mismos tiene que ver con ser honestos y auténticos, sin embargo, lo hacen desde el dolor y el mecanismo del enfado.
Es por eso, que cuándo me he sentido atacada desde sus enfados, independientemente de las buenas cualidades que hayan tenido, he salido de la relación despavorida como alma que lleva al diablo, independientemente del profundo amor que les haya podido tener. Quedando después en mí, una fuerte frustración por decir adiós cuando mi amor era sincero. Y en ellos una profunda decepción por no haber estado “a la altura” de mantener a la persona que amaban a su lado, sintiéndose poco merecedores de amor.
Cuándo por fin superaba el duelo y me abría al amor de nuevo,  me volvía a encontrar la misma herida, reaccionando de la misma manera : bye bye sayonara.
Muerto el perro no se acabó la rabia, y es que hasta que no consigamos solucionar no vamos  a poder encontrar el equilibrio en la pareja – o cualquier relación personal importante-.

YA  NO SOMOS NIÑOS

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Es momento de entender que las heridas que arrastramos y la película que nos contamos ya no funcionan, ya no nos sirven y ya no tienen sentido.
Hemos crecido, y vamos encaminados a conseguir una madurez emocional. Ya no necesitamos de estos mecanismos para poder relacionarnos y mantener a las personas en nuestras vidas.
Ya no somos aquellos niños que bajo la falta de gestión y herramientas, y con un manto de miedo, tenían que echar mano de la huida o del enfado constante, para saber cuidarse a sí mismos y poner límites desde el amor propio, con seguridad y paz interna.
En mi caso, esa niña que se sentía desprotegida ante las discusiones de sus padres, tiene que encontrar la protección y el consuelo en una única persona: en mí misma.
Siempre que mi vida no corra peligro, – que jamás lo hizo- sé que puedo afrontar una discusión como mujer adulta que soy, confiando en mi criterio y validando mis necesidades, sin darle una patada, a la primera de cambio, a las personas que más quiero, para dejar al otro ser, con la consecuencia de que quiera o no estar en mi vida.
Aunque estoy en plena exploración del proceso, y sigo teniendo miedo, sé que lo conseguiré, al igual que todos y cada uno de vosotros.
Y no os confundáis, que cuando escribo artículos de este tipo luego me mandáis mensajes diciendo que me machaco mucho, pero nada más lejos de la realidad.
No siento culpa por haber hecho lo máximo que mi inconsciencia me dejaba hacer, ni tampoco culpo al otro por haber hecho lo mismo. Estoy infinitamente agradecida de que la vida me haya regalado todas estas adversidades para poder darme cuenta de lo mucho que valgo, de lo mucho que valen ellos, y de que es momento de cambiar.
Y no os digo que os quedéis en un lugar donde estáis sufriendo de manera infinita, porque el aprendizaje suele llegar después de la experiencia, pero que la inconsciencia no os lleve a seguir repitiendo patrones sin observar cuál es vuestra responsabilidad en ello, porque ambos la tenéis.
Cómo siempre, para que la relación sea perdurable en el tiempo, habrá que trabajar las dos partes, siendo honestos y capaz de transformar los mecanismos inmaduros de ambos que  llevan a la separación constantemente. Y una buena manera de hacerlo es con un alto grado de sentido del humor.
Si le quitas hierro al asunto, si te ríes de tus propias vulnerabilidades, si eres capaz de afrontar con humor lo que parecía la tormenta perfecta, esos niños heridos y asustados, volverán a ganar confianza en sí mismos y en el otro. Volverán a conectar con el amor que creían haber perdido. Porque nada es tan terrible, y la vida es más sencilla de lo que parece.

El amor de pareja es un trabajo de dos, pero hagamos de esa trabajo un camino divertido.

MERCURIO DIRECTO EN SAGITARIO

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El 6 de diciembre Mercurio arrancó directo y es un momento ideal para conversar, para negociar, para entenderse y para llegar a soluciones que puedan hacer que el término medio y la comprensión se den, en este baile maravilloso que nos regalan las relaciones de cualquier índole.
Es el momento, antes del primer eclipse de enero y de que Urano arranque directo, ya que a partir de ese momento todo va a acelerarse.
(Si quieres tu Astro letter personalizada con herramientas de coaching, consciencia y astrología, para saber lo que te espera con los próximos eclipses, contacta conmigo)
Para ello es hora de aceptarse de una manera radical. Ésto quiere decir que tenemos que ver en qué lugar estamos, sin juicios por favor, sin juicios…
Si huyes, como yo, del conflicto – por muy mínimo que sea- acéptalo para poder cambiarlo, entendiendo que el otro sufre mucho por tu abandono constante. Si te enfadas, porque no sabes expresar tus necesidades ya que  crees no merecerlas, acéptalo para poder cambiarlo, entendiendo que no es una manera amorosa de tratarte a ti, ni al otro.
Y esto no significa que en algún momento no haya que decir adiós, o no haya que enfadarse, pero no dejemos que este tipo de patrones, sean los que manejen el timón de nuestras vidas.

Aprende a amarte, aprende a quererte para poder amar y querer a los demás.

Si necesitas ayuda en tu proceso, contacta conmigo.
¡Feliz semana!
Un abrazo de,
Elisa, una Coach en aceptación radical…

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Elisa Sarompas,
Love Coach, escritora y amante de la astrología.

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